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Las Bolas del Burro


Copyright © 2023 Tomás Morales Duran. Todos los Derechos Reservados

A veces resulta más sencillo recurrir a situaciones ingeniosas que todos recordamos, que tratar de describir conceptos que resultan desconocidos para aquellos a los que va dirigida la explicación.

Así que vamos a usar este recurso, recurriendo al chiste de las bolas del burro:

«Un motorista va por un camino y se para donde está un hombre echándose la siesta en un montón de paja y con un burro al lado.

—¡Buenos días! Discúlpeme… ¿Sabe qué hora es?

El hombre se incorpora ligeramente y, tocándole las bolas al burro, le contesta:

—Son las 5:35 pm

El motorista se queda perplejo y le dice:

—¿Está seguro?

El hombre le mira y vuelve a agarrar los testículos del burro y le responde:

—Sí, como le dije.

El motorista sincroniza su reloj con la hora que le acaba de dar el hombre.

—Gracias.

—De nada —responde el hombre que se vuelve a echar en el montón de paja.

El motorista se aleja y un par de horas más tarde regresa a donde estaba el hombre y le dice:

—Lindo día hoy, ¿eh?

—Sí.

—Dígame. ¿Qué horas tiene de nuevo?

—¿Otra vez?

El hombre vuelve a tocarle las bolas al burro y responde:

—Son las 7:15 pm.

El motorista mirando su reloj exclama:

—¡Es cierto, pero si son las 7:15pm!¡Increíble!

El hombre le dice:

—Pues claro.

El motorista le pregunta:

—¿Cómo diablos le hace para saber la hora en punto con sólo tocarle los huevos al burro?

—¡Oh, muy fácil! —y apartando las bolas al burro dice:—Está en el reloj de la iglesia del pueblo. Las bolas no me la dejan ver. ¿Ve? Las 7:15 en punto».


Puede resultar chocante, pero esta situación es muy semejante a lo que sucede en la gnosis. Llega alguien y te hace una pregunta. A veces, quizás, la puedas contestar sin más, tal vez porque acabas de consultarla. Pero lo normal es ir a verlo por uno mismo. Quien te esté viendo le parecerá extraño que te vayas a un lugar concreto donde te sientas y, a los pocos minutos, vuelves con la respuesta. Y la respuesta es siempre la correcta.

Al sentarte, lo que haces es apartar las bolas del burro. Así es el Dhamma, no se estudia, se consulta, igual que la hora en el reloj de la torre de la iglesia.

Me resultan curiosos los eruditos que, sin saber ni siquiera que existe el reloj del campanario, sean capaces de estudiarse la hora de memoria.

¿Cómo pueden aprenderse las horas de memoria si lo que estudian son los pelos de las bolas del burro?

Incluso para saber por qué es así y por qué funciona de esta manera, hay una forma de hacerlo: la misma gnosis.

Si voy a escribir un libro sobre el Dhamma, es mirar y escribir, mirar y escribir.

Y corregir erratas. Cómo no.

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