Encadenado


Copyright © 2021 Tomás Morales Duran. Todos los Derechos Reservados

Es posible que en alguna ocasión te hayas preguntado qué haces en el Samsara, por qué estás aquí, que hiciste para merecer una condena a este sufrimiento interminable.

O no.

Si ni siquiera te lo has planteado, tu ignorancia es titánica.

Estás tan ciego que no ves.

Si tu existencia te parece agradable, tu ignorancia es gigantesca.

Estás tan idiotizado que ni siquiera puedes percibir lo que ves.

Si te parece soportable, tu ignorancia es enorme.

Estás tan narcotizado que no reaccionas a lo que ves.

Si te parece inaguantable, tu ignorancia es opaca.

Estás tan sumido en tu pesadilla que no te deja entender.

¿Sabes qué tiene en común todos los que vagan por el Samsara?

La ignorancia. Esa capa oscura y neblinosa que oculta la realidad, que no te deja ver, que no te deja percibir, que no te deja reaccionar, que no te permite entender.

¿Y por qué sabes que la ignorancia te mantiene condicionado?

Porque has nacido. Nadie en su sano juicio nace. Has nacido porque eres ignorante. Y la ignorancia te acompañará durante toda tu existencia, vida tras vida, mientras te arrastras por los infiernos, por las pocilgas, por las trincheras, por los catres de moribundo. Sin ser capaz de ver, de percibir, de reaccionar, de entender.

Eres tan tonto que resultas cómico:

—¿Te gusta tu trabajo? —le preguntaron al esclavo mientras le daban dos azotes:

—Adelante…

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