Mística (IX). Otros Placeres


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Aparte de la mística, existe toda una amplia variedad de juegos mentales que proporcionan experiencias de todo tipo, algunas de ellas muy agradables.

Placeres Sensoriales

Son aquellas actividades que indirectamente provocan la generación de neurotransmisores. Placer, felicidad, alegría, amor, excitación… etc. cuya puerta son los sentidos. Al ser agradables, la persona corriente se apega a ellas. Como son perecederos, al cesar, la persona sufre. Cuando la persona corriente siente dolor se refugia en los placeres sensuales. Es un círculo vicioso. Es el juego en el que se basa la existencia en ir del placer al dolor, del sufrimiento a la felicidad sin entender que son lo mismo.

Evolutivamente, el sistema límbico premia a las personas corrientes con pequeñas dosis de dopamina y serotonina si logran sexo o comida y sus múltiples derivados. El individuo, y la sociedad, piensa por eso que es ganancia y beneficio ser feliz. Sin embargo, no es más que una peligrosa drogadicción que le lleva al sufrimiento. Cuando al individuo le falta el sexo o la comida, el sistema límbico baja los niveles de esos neurotransmisores y el individuo sufre, se deprime y desespera, por eso va en busca de su droga y trata de obtenerla cegado haciendo cosas, no porque sean convenientes, sino porque calman su ansiedad. Igual que el yonqui que asalta una farmacia y mata al mancebo por conseguir el dinero que necesita para inyectarse y sentirse bien.

El Buddha tuvo claro incluso antes de su iluminación que esos placeres son sufrimiento y se sometió a toda clase de rigores y penitencias tratando de alejarse de ellos, sin darse cuenta de que el problema no son los placeres sino como nos comportamos ante ellos.

En su búsqueda se dio cuenta de que se puede obtener esos placeres sin el concurso de los sentidos, es decir, obtenerlos directamente generando los neurotransmisores a voluntad:

Pensé: «Recuerdo que cuando mi padre estaba trabajando haciendo surcos, mientras yo estaba sentado a la sombra fresca de un manzano, bastante apartado de los placeres sensuales, aislado de los estados insanos, entré y permanecí en la primera jhāna, que se aparece con la fijación de la mente en la visualización del movimiento, con placer y felicidad nacidos del aislamiento. ¿Podría ser ese el camino hacia la iluminación?»

Luego, siguiendo ese recuerdo, llegué a la conclusión: Ese es de hecho el camino hacia la iluminación. Pensé: «¿Por qué tengo miedo de ese placer que no tiene nada que ver con los placeres sensuales y estados insanos?» Pensé: «No le temo a ese placer, ya que no tiene nada que ver con los placeres sensuales y los estados insanos»

MN 36

Son seis las puertas de los sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la mente. Los placeres sensuales surgen del recreo en ellos.

Existen tres juegos mentales que conducen a la felicidad haciendo uso de la puerta de la mente. Se las llama brahmaviharas, o moradas de Brahma, en referencia a que su práctica conduce a renacer en los planos de los devas, es decir, atan al Samsara igual que cualquier otro placer sensual.

Estas son mettā, karuṇā y mudita, traducidos como benevolencia, compasión y congratulaciones. Las tres hacen feliz al que las practica, que las practica justamente por el placer que le proporcionan. Son placeres sensuales porque usan la puerta de la mente. Existe una cuarta brahmavihara que es upekkhā o impasibilidad, que es el amor más elevado porque no proporciona felicidad al que lo practica. Esta es la única clase de amor permitida a los nobles.

La oración nueva, en su cara contemplativa usa precisamente los tres primeros tipos de brahmaviharas: Después de la composición de lugar se contempla una escena en la cual se recrea en la imaginación un objeto puramente mental, por ejemplo, una figura de un Cristo que ama a todos por igual y el meditador participa de esa clase de amor (mettā), sensación típica al salir de unos Ejercicios Espirituales. O bien se recrea en un Cristo doliente, ajado, humillado, sangrante que nos mueve a la compasión (karuṇā). O bien, se recrea en la gloria de un Cristo triunfante, vencedor de la muerte sentado a la derecha del Padre y el meditador se alegra por él como lo haría por un hijo que ha logrado un enorme éxito (mudita).

Estos juegos mentales, son placeres sensuales de la puerta de la mente, no muy diferentes, por ejemplo, de las fantasías sexuales, acarrean sufrimiento y se practican buscando felicidad. Evidentemente, estos juegos son censurables porque atan al Samsara.

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