La Meditación Correcta: Eso que Nunca Has Hecho.

Y no es de extrañar. El Buddha trató de enseñar su método para alcanzar las jhānas como se recoge en tres suttas, muy importantes eso si:  los Mahasatipatthana, Satipatthana (que es un resumen del anterior) y Anapanasati Suttas. Sin embargo, el método, aun siendo correcto, es completamente insuficiente porque no está completo, no explica qué hace ni qué efectos tiene y, por supuesto, nada dice de las implicaciones neurológicas. Y menos aún para qué vale. Así, cientos de millones de sus seguidores buddhistas han oído hablar de la “meditación en la respiración”, que no es en la “respiración” siquiera, y han tratado de lograr jhānas usando su parco método, lo que es prácticamente imposible. Así, durante miles de años, otros “maestros” han hecho todo tipo de variaciones, interpretaciones, imaginativas, curiosas e incluso delirantes de estas escasas instrucciones. No hace falta nombrar a nadie, pero hay en el mercado de lo espiritual toda una amplia gama de “meditaciones en la respiración”. Y siempre con resultados desesperanzadores. Así pasó lo que pasó y el Buddha advirtió hasta la nausea: si se abandonaba la Concentración Correcta el Dhamma verdadero se perdería para siempre, como así pasó hace muchísimo tiempo. Dirás que hay muchas “escuelas” buddhistas, que hay muchos “maestros”, que hay muchos monasterios, a lo que te replicaré con las palabras del Bendito: usan bellas palabras, palabras en verso que enseñan el Dhamma negro y con ellos te arrastran al infierno. Y por ahí andas: caminito del infierno. La meditación correcta, a partir de ahora me vas a permitir que me refiera a ella como “la meditación” porque lo otro no pasa de ser el mismo ejercicio de calentamiento de zafú que se usa para corromper de la mente, como también dijo el Buddha, trata de alcanzar Estados Alterados de Conciencia, mediante los cuales tomar el control absoluto de la mente. Y eso solo se consigue mediante el uso intensivo de drogas. La mala noticia es que una buena parte de estas drogas no pueden ser introducidas en el cerebro al no traspasar la barrera hematoencefálica. Las buenas noticias son que todas ellas las genera el propio cerebro y que son muy buenas, lo que el mismo Buddha comprobó cuando se iluminó como él mismo relata en el

MN 85 – Con el Príncipe Bodhi:

“Entonces, príncipe, recordé: ‘Un día, cuando mi padre, del clan de los sakyas, estaba trabajando, yo me encontraba sentado tomando la fresca a la sombra de un árbol. Allí, apartado de los deseos de los sentidos, apartado de lo que es perjudicial, alcancé y permanecí en la primera abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos del aislamiento y va acompañada de ideación y reflexión’. ¿No podría ser ése el camino hacia la iluminación?’. “Y, a la luz de aquel recuerdo, comprendí: ‘Éste es el camino hacia la iluminación’. “Entonces pensé: ‘¿Por qué temer a una felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo que es perjudicial?’. “Y me dije: ‘No temo a esa felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo perjudicial’. “Entonces, príncipe, pensé: ‘No es fácil lograr esa felicidad con un cuerpo llegado a tanta extenuación, ¿y si comiera algo sólido, arroz hervido y cuajada?’. “Así que comí algo sólido, arroz hervido y cuajada. En aquella ocasión me acompañaban cinco monjes que pensaban: ‘Si el asceta Gotama logra la Enseñanza, nos lo dirá’. (Este episodio es muy interesante, porque la serotonina consume una enorme cantidad de glucosa, y sin glucosa no se puede alcanzar dosis muy altas. De hecho, puede producir  una crisis hipoglucémica. Además se necesita tener también altos niveles de triptófano). La meditación NO es sentarse a pensar. La meditación ES drogarse con tus propias drogas endógenas. Para eso no se piensa, para eso no se considera nada. Solo te drogas. Y muchísimo. En principio mediante la meditación se pueden generar todos los neurotransmisores que usa el cerebro para alterar su funcionamiento. En mi experiencia se pueden sacar fácilmente, al menos, once: Dimetiltriptamina, que es un alucinógeno con el que puedes ver fractales de colores. En algún caso incluso con los ojos abiertos, pero no es lo común. Dopamina, el responsable de lo que llamas “placer”. La cocaína induce la producción de dopamina machacando el centro de recompensa del cerebro. Serotonina, eso que llamas “felicidad” y es lo que mucho ignorante piensa que  producirla continuamente es el objetivo de la vida. Se puede dar en sobredosis de felicidad que cursa con diversos síntomas adversos entre ellos convulsiones. Hay que tener cuidado con ella. Anandamida, que es un endocannabinoide que te pone muy alegre, tanto que no puedes parar de reírte, similar al tetrahidrocannabinol que es muy similar, por eso la marihuana te hace efecto. Epinefrina, que es un excitante. Encefalinas, que es un grupo de opiáceos cuyo efecto es muy similar al de la heroína. Todos los anteriores son necesarios simultáneamente para lograr la primera jhāna. Además se pueden activar la Oxitocina, cuyo efecto es el amor. Un amor animal, pasional, salvaje. Aunque te hayas enamorado alguna vez en tu vida, solo cuando la experimentes sabrás qué es el amor de verdad: pura química. El enamoramiento se produce, una vez con altas dosis de Oxictocina en el cerebro, cuando hueles las feromonas de otra persona. Así quedas fijado a ese olor. La naturaleza también lo usa en el parto al inducir el feto en las paredes del útero una producción masiva, de forma que al poner al neonato en contacto con la madre, ésta queda fijada a esa criatura de por vida. Pura química. ¿Qué te habías creído? ¿Que era espiritual? Anda… Otras drogas accesibles son las Endorfinas, la Prolactina y el Ácido γ-aminobutírico (GABA) y la Melatonina, por si tenías problemas de sueño. Cada una de ellas por separado cumple una serie de funciones necesarias no solo en el cerebro sino en todo el cuerpo. La deficiencia de alguna de ellas da lugar a enfermedades mentales como la depresión, por ejemplo, y otras incluso a enfermedades físicas. Las combinaciones de dos o más de ellas tienen efectos de todo tipo, induciendo algunas de ellas Estados Alterados de Conciencia, a partir de los cuales es posible tomar el control del cerebro, de forma que es posible cambiar definitivamente su modo de funcionamiento, a lo que el buddhismo llama efectos de la Iluminación. Por ejemplo, dejar de sufrir definitivamente. Y muchísimas más cosas. Esto, es la meditación. Como verás, nada tiene que ver con mirar virus mentales que no dejarán de surgir hasta que desde el Estado de Conciencia Alterado adecuado conmutes el funcionamiento de la mente y jamás vuelvan a surgir. Jamás. Solo pensarás cuando quieras pensar. Así se diluye el pasado el futuro, el aburrimiento, se suprime el apego, se suprime la aversión… Y tendrás, además, acceso a la Sabiduría, al Conocimiento Directo. Aprender sin estudiar, sin leer, sin escuchar, sin razonar. Y de todo. Ahora,  la pregunta: ¿has meditado alguna vez en tu vida? ¿Asi no? Pues que lo sepas, no es “así no”, es “no”. Estas son todas las instrucciones que el Buddha enseñó para hacer todo esto. Ciertamente son las instrucciones, pero vamos… que si eres buddhista, apáñate: DN 22. Mahāsatipatthana Sutta. “Y ¿cómo, monjes, el monje mora contemplando el cuerpo como cuerpo? He aquí, monjes, el monje va al bosque, al pie de un árbol o a una choza vacía y se sienta; habiendo cruzado las piernas, pone su cuerpo erguido y establece su atención consciente enfrente. Siempre conscientemente atento inhala y conscientemente atento exhala. Cuando hace una inhalación larga, entiende: ‘mi inhalación es larga’; o cuando hace una exhalación larga, entiende: ‘mi exhalación es larga’. Cuando hace una inhalación corta, entiende: ‘mi inhalación es corta’; o cuando hace una exhalación corta, entiende: ‘mi exhalación es corta’. Y se entrena así: ‘Voy a inhalar experimentando el cuerpo enetro’; y se entrena así: ‘Voy a exhalar experimentando el cuerpo enetro’. Y se entrena así: ‘Voy a inhalar calmando las formaciones corporales’; y se entrena así: ‘Voy a exhalar calmando las formaciones corporales’. Al igual que un hábil tornero o su aprendiz, al hacer un gran giro entiende: ‘estoy haciendo un giro grande’; o al hacer un giro pequeño entiende: ‘estoy haciendo un giro pequeño’, de la misma manera, monjes, el monje, cuando hace una inhalación larga, entiende: ‘mi inhalación es larga’ … y se entrena así: ‘Voy a exhalar calmando las formaciones corporales’. “De esta manera mora contemplando el cuerpo como cuerpo internamente, o mora contemplando el cuerpo como cuerpo externamente, o mora contemplando el cuerpo como cuerpo de ambas formas: interna y externamente. Mora contemplando la naturaleza del surgimiento en el cuerpo, o mora contemplando la naturaleza del cese en el cuerpo, o mora contemplando ambas cosas: la naturaleza del surgimiento y la naturaleza del cese en el cuerpo. O, estando consciente de que ‘he aquí el cuerpo’, simplemente se establece en él en la medida necesaria para un conocimiento descubierto y la atención consciente. Y mora con independencia, no apegado a nada en el mundo. Es así, monjes, cómo el monje mora contemplando el cuerpo como cuerpo.

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