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El alma es lo que nace y muere.

Ahora bien ¿qué o quién eres tú?

Una persona con alguna instrucción puede llegar a pensar que él no es su cuerpo porque su cuerpo cambia constantemente con el tiempo y siente que sigue siendo él mismo. Sin embargo, esa misma persona tenderá a identificarse con su mente, sus pensamientos, sus emociones o su cognición.

Si siempre ves desde los mismos ojos, tenderás a pensar que todo se ve así. Y si siempre has pensado así y conocido así, pensarás que eso es todo lo que hay.

Imagina que nunca has ido a Paris. Si te colocas enfrente de la Torre Eiffel serás capaz de verla sin necesidad de entrenar para hacerlo.

Pero ¿quién ve eso que estás viendo?

Los ojos no ven, las reacciones emocionales no se emocionan, la percepción no percibe. Y ¿quién conoce?

Si en medio de un sueño estás viendo la misma Torre Eiffel ¿quién ve lo que estás viendo? Aquí no hay ojos, porque para ver no los necesitas. Ni oídos para oír, ni nariz para oler, ni lengua para gustar, ni piel para tocar, ni intelecto para pensar.

Y las reacciones emocionales no se emocionan, ni la percepción percibe. Y ¿quién conoce?

¿Quién enseña a los perros a oler? ¿O al águila a ver? ¿O al murciélago a oír?

Si tuvieras el olfato de un perro, la vista de un águila y el oído de un murciélago, ¿serías capaz de oler como perro, ver como águila y oír como murciélago?

Hay ejercicios mediante los cuales puedes temporalmente cambiar de alma, como son los Iddhis que te permiten entrar en un cuerpo astral, las jhānas que te sumergen en los reinos con qualia habitados por almas llamadas devas o dioses, o las āyatanas que hacen lo propio en dimensiones sin qualia, poblados por almas sin forma. Incluso puedes llegar a librarte temporalmente de todo tipo de alma en el ejercicio llamado cesación.

Es decir, aunque cambies de personaje quien experimenta eres tú mismo. Y quien experimenta… ese eres tú. A ese que experimenta por ti le vamos a llamar tu conciencia.

Experimentas el Samsara porque estás amarrado a un alma. El personaje o alma es un interfaz entre tu conciencia y el Samsara.

Tu conciencia eres verdaderamente tú. Eres tú, es tuya, y eres tú quien la controla. Y son tus propias adicciones las que hacen fuertes las tendencias subyacentes que son las que atan a tu conciencia a la existencia, lo que tiene como consecuencia que te vayas arrastrando de un alma a otra. Así es como vagas por el Samsara.

La vida es el espacio temporal de duración de un alma, mientras que la existencia es el espacio temporal de la suma de todas las vidas.





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